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Terminada su época gloriosa presencia en el Tahuantinsuyo por la destrucción inmisericorde que ordenara el Inca Athuallpa, adormecida luego durante el coloniaje, Cuenca ha vivido su mediterraneidad acompasada por el cantarino rumor de sus ríos y el lento tránsito de los años andinos, hasta que al voltear el medio siglo, y coincidiendo con el festejo de su cuarto aniversario de fundación española, emergieron los pimeros brotes de conciente ubicación en el concierto gravitacional del mundo moderno. Entonces fue el tiempo de la iniciación de los sobresaltos y los escándalos, en la mayoría de aquellos escrupulosos ciudadanos ante la advertencia de que el planeta había dado más vueltas que las imaginadas por los adormilados seudovanguardistas o atónitos e irreflexivos viajeros de moda. Se sorprendieron derrepente porque las imágenes y constumbres habían cambiado, el nuevo diccionario de moral casi lo permitía todo, el concepto de lo bello había gestado otras apetiencias, y al revoloteo de las anécdotas de viaje y chismes erótico-fantástico, quedó allí, en ese limbo que acaricia a los soñadores inmóviles y los vuelve más estacionarios al cobijo de su urdida imaginación. Seguros estamos, sin embargo, que de esta generalización podemos excluir personalidades sin excepción, que por ser tales se destacan con la luz propia, y desbordadndo los linderos de lo comarcano, son el aporte sustantivo a la cultura nacional. 185 páginas
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