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La justicia en Ecuador no siempre está dentro del Derecho que nos rige, porque las leyes se han hecho para proteger los grandes intereses oligárquicos, tampoco desgraciadamente, esa fusticia se encuentra dentro de las instituciones que administran ese Derecho, porque son manejadas por esos mismos poderes oligárquicos. Comprender y trascender esa realidad con un proyecto histórico de cambio es el reto, instaurar la justicia es el gran desafío del Ecuador, al que nos convoca el autor de los jóvenes en especial y haciendo abstración del lazo de sangre que me une con él, digo que la juventud no está en la lozanía de la piel, ni en unas canas más o menos, la juventud es el mundo de las ideas de transformación y creatividad que acompañan al ser humano, la juventud vive en las actitudes y conductas dignas, la juventud se manifiesta en la alegría de luchar por un ideal de justicia para todos. Es verdad que el pueblo pide un cambio desde su conciencia y desde su intuición y es verdad que pide rostros nuevos «gente joven», pero no nos confundamos, en esa expresión, el pueblo concreta en formas un anhelo mucho más profundo: las caras nuevas deben ser la manifestación de ideas distinatas, la solidaridad humana como principio rector de nuestra existencia, la justicia social como forma de vivir, la honestidad como valor ético, el trabajo como la fuente honrada de la riqueza espiritual y material de los pueblos, la soberanía como sinónimo de dignidad. Decía el Che, que el hombre era su circunstancia, y qué complejas y difíciles circunstancias le ha tocado vivir a la generación de la crisis, complicado ser joven en un mundo que idolatra ideas viejas, que engaña y acomoda conciencias, que acusa y somete rebeldías, que adormece para matar los sueños, y aun así, un mara gigante de «necio», como un oceano de vientos tempestuosos y frescos nos resistimos y convocamos a los jóvenes de espíritu a la eterna jornada del cambio, como el trabajo voluntario de nuestras vidas por la justicia social y la dignidad del ser. 378 páginas
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